10. POSESIÓN O INFLUENCIA EN LA INFANCIA

Los seres espirituales pueden poseer e influir a personas de cualquier edad, incluso a recién nacidos. Además, de manera natural la sensibilidad de los niños frente a los fenómenos espirituales es mayor que la de los adultos y bien puede darse que los primeros vean y oigan a los entes ya desde la edad más temprana, aunque en la mayoría de las situaciones en que esto se da la sensibilidad desaparece a partir de un cierto momento de la infancia o adolescencia, lo que variará según cada persona. Apenas en una minoría de los casos este tipo de percepción constituye un don innato con el que se deberá aprender a convivir durante el resto de la vida.

 

Para prevenir y solucionar tales situaciones, primero es necesario entender por qué y cómo ocurren. Después, pasar a la acción tomando como principales procedimientos las oraciones protectoras y la bendición de personas y viviendas indicados respectivamente en los apartados de este libro 8.4. Oraciones de ayuda y protección y 13. La bendición (en específico el punto 13.4. La bendición en el niño).

 

10.1. Influencia espiritual en niños que aún no saben hablar

Ante la influencia de un ente, el niño que aún no habla expresa su miedo a través de ataques de llanto especialmente intensos y prolongados que los padres no consiguen calmar de ningún modo. Este llanto puede tener un tono y expresividad característicos que se aprende a identificar con la práctica, y así como los padres tienen que aprender a distinguir los otros tipos de llanto (el que indica hambre, el que indica sueño, dolor de estómago, etc.) también deberán aprender a reconocer aquel que el niño producirá al sentirse amenazado por seres desencarnados.

 

Si se sospecha que el llanto puede venir de un ataque espiritual, la manera de confirmar si se trata o no de ello es ir haciendo repetidamente una oración de protección, la del manto por ejemplo, pidiéndose protección para el niño y para los que estén con él para que, dada la situación, el ente no ataque al resto de los presentes (Véase: 8.4.13. Oraciones pidiendo protección espiritual para otras personas). También se puede bendecir al niño, a los otros presentes y la sala en que estén con agua bendita.

 

Si el problema es realmente espiritual observaremos una reacción de causa y efecto entre la oración y/o bendición y el comportamiento del niño. Esto es, si inmediatamente o un tiempo después de bendecirlo u orar el niño empieza, por ejemplo, a calmarse cuando nada de lo que hicimos antes lo había conseguido. En ese caso, habrá que insistir en la repetición de la oración hasta que recupere la tranquilidad totalmente.

 

También nos ayudará a comprobar que estamos en un camino de actuación correcto si la oración y la bendición funcionan de manera repetida en varios episodios de ataques separados en el tiempo.

 

En un episodio de terror nocturno -esto es, en que el niño empieza a llorar y a quejarse intensamente estando dormido- además de la oración y la bendición suele ayudar en muchos casos despertarlo con suavidad. Sigue un método para ello:

 

Siéntese y siéntelo en sus piernas de manera que la espalda del niño quede bien en contacto con el pecho de usted, de modo que él perciba que tiene un buen punto de apoyo. El pequeño esfuerzo físico que el niño tendrá que hacer para mantenerse erguido lo ayudará a despertarse y a calmarse.

 

A la hora de evaluar la queja del niño se recomienda que se piense primero en motivos no espirituales y considerar la posibilidad de un ataque espiritual apenas como última opción para no correr el peligro de, por ejemplo, quedarse parado orando cuando lo que realmente el niño puede necesitar es atención médica inmediata. De cualquier manera, se puede ir orando mientras se va investigando si el motivo es espiritual o no. Adquirir este tipo de discernimiento no siempre es fácil, aunque con la práctica sí es posible ir refinándolo.

 

A modo de prevención, desde el nacimiento del niño se pueden incorporar las oraciones de protección para él, diurnas y nocturnas, además de las bendiciones.

 

​10.2. Influencia espiritual en niños que ya saben hablar

 

10.2.1. Influencia espiritual en niños que no ven ni oyen a los entes

Aquí se incluyen la inmensa mayoría de los casos. Siguen algunos de los síntomas más comunes sin abarcar la visión o audición de entes.

 

1. Ataques de nervios con agarrotamiento muscular.

 

2. Retrasos en la adquisición del habla y en la capacidad de expresarse. Por ejemplo, puede ser incapaz de pedir lo que necesita.

 

3. Musculatura débil, que le impida incluso andar.

 

4. Atraso en el crecimiento.

 

5. El niño parece abstraído, es incapaz de comunicarse y de responder a los estímulos de los padres.

 

6. Trastornos del sueño.

 

7. Depresión.

 

8. Síntomas psicosomáticos de todo tipo. Al realizar exámenes médicos o psicológicos, los resultados indican que no hay ningún problema.

 

9. Gran agresividad y rencor. Lo que puede incluir explosiones de agresividad en momentos específicos causadas por posesión espiritual. Estas pueden conllevar que el niño se agreda a sí mismo y/o a quienes que estén con él.

 

Dada la situación, siguen algunas sugerencias:

 

- Sobre todo mantener la calma siempre, bendecirlo a él, al resto de los presentes y la sala en que se esté, y no parar de hacer oraciones de protección hasta que la crisis pase, tratándolo además suave y amorosamente en todo momento. Jamás reñirlo o maltratarlo.

 

- Aparte de la oración y bendiciones es muy importante también el apoyo emocional de la madre y luego la del padre, o en su defecto el de la persona con quien tenga una relación afectiva más cercana. Si el niño acepta ser abrazado, acariciado, besado y recibir palabras amorosas de calma eso también lo va a ayudar mucho.

 

- Si no acepta el contacto físico ni que le hablen, deberemos quedarnos a su lado en oración apenas atentos a que no haga ningún movimiento que lo lleve a lastimarse o a lastimar a otras personas.

 

- Si se agrede a sí mismo (golpeándose, arrancándose los cabellos, etc.) o intenta agredir físicamente a otras personas, claro que habrá que sujetarlo para impedirlo.

 

Una situación de asalto espiritual en que el niño muestra violencia hacia los propios padres puede ser terriblemente perturbadora para ellos, pero hay que tener presente que una vez la crisis pase volverá a mostrarse cariñoso.

 

- Si el niño tiene una rabieta y la oración no produce ningún efecto, por lo menos podemos quedarnos tranquilos de que no está siendo agredido espiritualmente, aunque quien tiene hijos sabe lo intensas que también pueden ser las rabietas comunes…

 

10.2.2. Influencia espiritual en niños que ven y oyen a los entes

Aquí, tan pronto como el niño empiece a desarrollar el lenguaje ya nos dirá cosas como que vio “un monstruo”, “un señor”, “que había un niño en el cuarto que le dijo cosas feas”, etc. Un poco antes de esto también empezará a señalar al ente con el dedo si lo ve. En este último escenario, el adulto que no tiene información al respecto no puede entender por qué el niño se pone, por ejemplo, a señalar un determinado lugar con el dedo y a comportarse como si allá hubiera alguien cuando nosotros vemos que no lo hay.

 

En el caso del niño de 2 a 3 años, que todavía no tiene dominio emocional para lidiar con estas situaciones, también puede pasar que al ver al ente llore sin control y si más tarde y una vez superado el momento le preguntamos por qué lo hizo nos explique que fue porque había un monstruo que le dio miedo, por ejemplo.

 

Como norma general los adultos tenemos que estar atentos a los comportamientos del niño y escucharlo tomándonos en serio lo que nos cuente. Imagínese la situación de un niño se vea sometido tales experiencias y que en vez de recibir nuestra ayuda reciba desatención, burlas o incluso castigos…

 

Hay una fase, aproximadamente entre los 3 a 7 años de edad, en que el niño activa mucho la imaginación y de manera natural puede inventar, sí, historias fantásticas, lo cual forma parte de su proceso normal de desarrollo psicológico, no tiene nada que ver con ninguna enfermedad y tiene su comienzo y su fin.  

 

Si nos cuenta algo fantástico, claro que tenemos que plantearnos la duda sobre si se trata de un simple acto imaginativo o de algo realmente espiritual, pero de cualquier modo la manera saludable de encarar la situación será escucharlo con cariño. Haciéndolo así no le vamos a causar ningún daño psicológico sino todo lo contrario, estaremos permitiendo un desarrollo saludable de su creatividad e imaginación. Por ello, ante estas situaciones jamás hay que regañarlo o castigarlo.

 

​10.2.2.1. El amigo imaginario

 
- El amigo imaginario como fenómeno psicológico

En principio, la psicología registra casos en que un niño o adolescente imagina a un amigo, pero apenas lo imagina, no lo ve ni lo oye literalmente, siendo que la persona tiene consciencia de que se trata de un juego imaginativo y conoce la diferencia entre realidad y fantasía.

 

Otra expresión del amigo imaginario como fenómeno puramente psicológico puede verse cuando el niño conversa con sus muñecos.

Ambas situaciones son procesos mentales que no tienen nada de patológicos.

 
- El amigo imaginario como fenómeno espiritual

Aquí se trata de uno o más seres espirituales negativos que están queriendo dominar al niño manipulándolo psicológicamente, con todos los peligros que esto conlleva.

 

Recordemos que cuando un ser espiritual se muestra bajo una forma o comportamiento amigables es mucho más peligroso que cuando lo hace de manera asustadora, porque si en vez de rechazarlo de inmediato la persona entabla con él cualquier tipo de relación, este podrá irla dominando emocionalmente poco a poco y el resultado a corto, medio o largo plazo siempre es destructivo. Una de las peores cosas que podemos hacer es subestimar su inteligencia, pues si de algo disponen los entes negativos es de tiempo, siglos incluso, para ir haciéndose más y más astutos…

 

Dada la situación, ya la primera vez que el niño diga que se comunica con alguien en la casa que nadie más ve podemos preguntarle si lo está viendo y oyendo de verdad o se trata de un juego de inventar cosas. Si confirma lo primero y nos dice que el ser está con nosotros en ese momento, nos pondremos inmediatamente a hacer oración de protección. Después de unos minutos le podemos preguntar si el ser sigue ahí y, en caso afirmativo, qué hace (lo esperable es que se vaya por iniciativa propia, pues la oración lo incomoda y debilita, o que los seres angélicos se lo lleven al lugar que Dios le haya destinado). También le podemos pedir al niño que si un ser aparece cuando esté solo nos llame, o que si no puede avisarnos se ponga a hacer la oración de protección, si ya tiene edad para ello.

 

Nota: Con frecuencia los entes se presentan ante los niños bajo la forma falsa de otro niño. Ante esto hay que decir que en nuestro plano no existen espíritus de niños, pues tal y como ya se ha comentado anteriormente en este trabajo, cuando un niño muere es sin excepción conducido por los ángeles al Señor. Ninguno se queda en el bajo plano astral o en el nuestro.

 

Ya concluyendo, cabe reforzar que aun cuando el niño no ha conseguido aprender ningún procedimiento para protegerse de los espíritus, en la mayoría de casos llega también una edad en que dejará de percibirlos con los sentidos. Desde aquí interpretamos que ello puede deberse a que inicialmente la persona tiene despierta la sensibilidad para captar fenómenos espirituales y que el momento en que deja de ver al “amigo imaginario” es el momento en que esta sensibilidad se bloquea. Sin embargo, ello no significa en absoluto que ese ser se vaya. Perfectamente lo podrá acompañar durante el resto de su vida o incluso después, dependiendo del deseo dee la entidad.

 

10.3. Cómo tratar al niño después de una liberación o exorcismo exitosos

En la mayoría de los casos, después de un tratamiento espiritual el niño se recupera totalmente. En otros, las secuelas pueden ser tan severas que no lo consiga.

 

Cuando un niño ha sufrido posesión de manera prolongada, por el hecho de su mente haber sido parcialmente anulada durante un determinado tiempo no ha podido madurar normalmente y después de liberado tiene que seguir adelante con una carencia de datos propios.

 

Entonces, a partir de este momento, ¿cómo debe tratársele?:

 

1. No tener en cuenta sus comportamientos anteriores y no recriminarlo por ello, pues muchas veces no era consciente de lo que hacía.

 

2. Tratarlo con normalidad (no como si fuera diferente de sus hermanos, del resto de los niños o como a un enfermo).

 

3. Darle amor pero darle también los límites que debe recibir cualquier niño cuando se porta mal.

 

4. Enseñarlo en relación a la oración y a la vida espiritual, inculcándole que la comunicación con Dios lo va a ayudar permanentemente en todos los ámbitos de su vida.

 

5. No preocuparse si se le ve haciendo actividades que podrían corresponder a un niño de menor edad, pues se trata de experiencias que no pudo vivir en su momento. Una vez interiorizado el acto lo dará por asumido, lo integrará como un conocimiento más y se dedicará a hacer otra cosa.

 

6. Si se lo ve pensativo es conveniente dejarlo tranquilo, pues es un momento en el que está reorganizando su mente, y eso le es muy necesario.

 

7. Seguir adelante con la vida, no recreándose en los malos momentos vividos.

 

10.4. Educación espiritual del niño

Así que el niño tenga una mínima capacidad de entendimiento será aconsejable iniciar su formación con relación a los asuntos del área espiritual aunque no existe un momento predefinido para esto, depende del ritmo de desarrollo de cada niño. Si usted mismo no tiene formación al respecto, este libro ofrece algunas sugerencias sobre cómo adquirirla en el capítulo 21. Sobre una visión cristiana de la protección espiritual.

 

En el caso de los niños de familia cristiana, y siempre esforzándose por usar un lenguaje lo más simple posible, se puede:

 

- Empezar a explicarle al niño que existe un Papá del Cielo, los ángeles y uno en específico que lo cuida a él, el ángel de la guarda, y ya si se quiere adoptar una visión específicamente católica, una Mamá del Cielo y los santos (se les puede incluso enseñar alguna imagen de ellos). Y decirle también que estos son buenos, amorosos, que nos cuidan y nos protegen.

 

-Enseñarle a agradecer a Papá del Cielo por las cosas buenas que nos da y que Él ha creado: sus mismos papás y hermanos, la comida, los juguetes, la ropa, la salud, los animalitos y las plantas, etc.

 

- Si el niño está entre los que ven y oyen espíritus, enseñarle alguna oración de protección lo más simple posible así que su edad lo permita. Podemos explicarle que si ve un monstruo le pida ayuda a Papá del Cielo con alguna del tipo “Papá del Cielo, protégeme”, Papá del Cielo, guárdame”, etc.

- Cuando empiece a leer y escribir ya podremos ir enseñándole cosas de la Biblia usando libros y materiales adecuados para su edad.

 

- Es muy importante no obligarlo agresivamente a hacer oración pues en vez de formarlo en la fe de una manera saludable y positiva podríamos obtener el resultado contrario, que desarrolle una aversión a lo religioso.

 

Las bases para que una persona desarrolle el rechazo o incluso el odio a Dios son:

 

1º. Una educación religiosa agresiva y opresora.

 

2º. Vivir algún momento de sufrimiento crítico en que pidió ayuda a Dios y tuvo la percepción de que Dios no estaba allí para ayudarla, o no entender por qué tuvo que vivir esa experiencia.

 

3º. Una educación en que simplemente la espiritualidad no se le enseñe o en la que se le hable directamente contra ella.

 

- Tan pronto como el niño alcance edad suficiente para recitar de memoria la oración del manto de protección ya estará capacitado para defenderse por sí solo de cualquier ataque espiritual. Hasta entonces será crucial la oración de los adultos para defenderlo.

 

- Dado el caso, también se le puede ir pidiendo a Dios que no permita que el niño tenga que ver y oír espíritus, pero si esto no se concede significará simplemente que esta experiencia será necesaria para su proceso de desarrollo espiritual.

 

Claro que ningún padre puede desear que un hijo tenga que pasar por esto, pero si se permite que la experiencia sea guiada por el Señor sus frutos serán buenos y el resultado puede ser la formación de una personalidad muy fuerte y amorosa.

 

Al estar el niño protegido gracias a la oración y al conocimiento de Dios, la experiencia con los seres espirituales negativos constituirá una más de entre las batallas de la vida que hay que luchar, sí, pero como estará delimitada y dirigida desde lo alto, no será algo que lo lleve a desarrollar, por ejemplo, una personalidad enferma. Si el niño es atendido en sus necesidades básicas (sueño, alimento, higiene, juego, educación…) y tiene el amor de sus padres o responsables crecerá con la vitalidad de cualquier niño saludable.

 

- Sobre la posibilidad de que lo inviten a participar en sesiones de espiritismo: 

 

Así que el niño tenga la madurez suficiente, deberemos enseñarle que si algún día alguien le propone participar en cualquier actividad que implique la invocación de espíritus no lo haga de ninguna manera, pues la mayoría de casos de influencia espiritual grave empiezan por este motivo.

 

Le podemos proponer también que si eso se da advierta a sus compañeros sobre el peligro, si no lo llevan en serio que salga del lugar donde la invocación se haga o que, como última opción si no puede irse, se ponga a hacer su oración de protección.

 

- En caso de ineficacia de la oración:

 

Ni que decir que si un niño tiene visiones u oye voces de manera recurrente y la oración no produce resultados positivos, se tratará realmente de algún tipo de enfermedad mental y habrá que llevarlo al psiquiatra.

 

Y desde aquí no nos cansaremos de reforzar que lo que distingue estos fenómenos espirituales de las enfermedades mentales como, por ejemplo, las psicosis o esquizofrenias es que cuando se trata de una enfermedad real esta va empeorando a lo largo del tiempo con independencia de la oración que se practique o los conocimientos religiosos que se tengan y lo único que podrá contenerla es el tratamiento psiquiátrico.

Ir al siguiente punto: 11. Algunas orientaciones generales para evitar o mitigar la influencia de espíritus negativos

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