COLABORACIÓN ENTRE EXORCISTA Y PROFESIONALES DE SALUD MENTAL

ISIDRO JORDÁ. AYUDA ESPIRITUAL TRÍNITAS

Uno de los caminos a los que me ha llevado la tarea del exorcismo es la experiencia de cooperación entre el exorcista y el psiquiatra o psicólogo, lo que me ha permitido conocer de cerca la problemática de las agresiones espirituales en los pacientes de estos profesionales, cuyo núcleo reside en el hecho de que cuando un paciente se ve afectado por seres espirituales negativos el terapeuta está luchando, nunca mejor dicho, contra un enemigo invisible, que desestructura y drena sin remedio las energías físicas y mentales del paciente sin ni siquiera saber de dónde vienen los golpes.

 

Cabe reforzar aquí que los casos digamos «de película de exorcismo» (con la víctima hablando en lenguas muertas, levitando, produciendo fenómenos poltergeist, etc.), a pesar de ser reales son, sí, muy raros. El comportamiento más común en los espíritus negativos es el de una acción degradadora sigilosa y de largo plazo.

Pero, cuando la situación no presenta signos claros de influencia espiritual externa, ¿cómo saber entonces si los síntomas de un paciente que parecen meramente orgánicos o psíquicos se deben o no a ella? Simplemente, porque cuando se somete a la persona a un procedimiento de exorcismo eficaz los síntomas desaparecen o se atenúan, algún cambio objetivo de estado se da. Además no es incomún que se trate de situaciones en que el propio terapeuta ya viene observando o intuyendo que la terapia no funciona como tendría que funcionar. Por cierto, también es necesario decir que cuando un paciente llega a la consulta y dice estar recibiendo agresiones espirituales el diagnóstico es seguro, las está recibiendo, pues incluso en los casos de pacientes delirantes reales actúan al mismo tiempo la enfermedad y la agresión espiritual, por tratarse de personas muy debilitadas mental y espiritualmente.

Nota: Cuando hablamos aquí de exorcismo, hemos de circunscribirnos a los conceptos y procedimientos indicados en el Manual de protección contra espíritus.

 

Así, por ejemplo, un determinado porcentaje de las personas que escuchan voces y ven espectros dejan de sufrir esos síntomas después del primer exorcismo, suicidas compulsivos dejan de serlo, depresiones desaparecen, pesadillas macabras recurrentes sin nexo con la situación sentimental del paciente dejan de darse, medicamentos que no estaban surtiendo su efecto comienzan a actuar adecuadamente, etc. La posibilidad del efecto placebo queda aquí excluida porque los buenos resultados se dan también en pacientes como bebés o ancianos seniles y en la mayoría de los casos cuando un paciente llega a la consulta del exorcista significa que ya ha agotado antes las posibilidades a su alcance de terapias convencionales y no convencionales.

 

Entonces, cuando el paciente de un profesional de salud mental pasa por el exorcismo, los escenarios que pueden darse son los siguientes:

 

1. Si realmente estaba siendo afectado por entes negativos, los síntomas cesan o se atenúan.

 

2. Los entes pueden haber causado daños a nivel fisiológico o mental que necesitarán de un mayor o menor tiempo de recuperación según cada caso. En ocasiones los daños son irreversibles, aunque la vida del paciente siempre va a mejorar, pues se habrá eliminado algo que lo estaba agrediendo constantemente.

 

3. Así como en cualquier tratamiento médico ordinario, el paciente tiene buena parte de responsabilidad sobre su propia recuperación y el grado de compromiso con las orientaciones del exorcista será decisivo. Si el paciente coopera se ve libre, y adoptando algunas medidas de protección por lo general fáciles de administar podrá lidiar de forma autónoma y adecuada con ataques futuros, recordando que hoy en día vivimos en un ambiente que podríamos describir como “espiritualmente tóxico” y los cuidados al respecto han de ser constantes. La higiene de personas y espacios a un nivel espiritual es equivalente a la que hay que hacer en el plano físico, es algo que necesita de constancia.

 

4. Cuando dar el alta no es adecuado, significa que el tratamiento mental no termina tras el exorcismo sino que en verdad empieza, pues una vez que el paciente se ha liberado de las interferencias decurrentes de las agresiones espirituales el terapeuta puede comenzar a lidiar con el ser humano tal y como verdaderamente es y está.

 

Sobre el exorcista cabe decir también que no utiliza procedimientos invasivos ni violentos, no recomienda ni mucho menos prescrive medicamentos o ninguna actividad que debilite orgánica o mentalmente al paciente, tampoco puede interferir en tratamientos de salud que el paciente esté recibiendo de profesionales de la salud,  y cobra la voluntad, con lo que la posibilidad de fraude queda también eliminada de antemano.

 

Más detalles sobre las pautas de conducta del exorcista puede verse en el Código de ética del exorcista.

 

Por último, decir que mis experiencias de cooperación con profesionales de salud mental hasta la fecha me han permitido definir y proponer un modelo de interacción cuyo objetivo es fomentar una relación armónica entre ambas partes, que son:

1. Promover una comunicación fluida entre el exorcista y el profesional de salud mental buscando siempre la mejor atención posible al paciente en las consultas de ambos, pero con los debidos cuidados de preservación del secreto profesional. Entre otras cosas esto permite, por ejemplo, que se preserve la coherencia en las informaciones que el paciente va a recibir de ellos.

 

2. El exorcista se limita a orientar dentro de su ámbito de actuación, no pudiendo hacerlo en cuestiones que pertenezcan al ámbito del profesional de salud. Si se da algún caso fronterizo, se comunicará con el segundo para definir de mutuo acuerdo cómo se va a abordar la cuestión frente al paciente.

3. De modo general, la prioridad del exorcista ha de ser siempre no hacer nada que perjudique la relación entre el paciente y el profesional de salud mental.

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